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julio 20, 2019 / 0 Comentarios / Historia, Política

Camilo Henríquez: El Fraile de la Buena Muerte

Herman Manríquez Blake, Periodista.

Por la degradación que la información sufre cuando pasa de boca en boca a través del tiempo, las historias tras las efemérides tienden a simplificarse hasta un punto casi infantil. Si preguntamos en la calle “¿Qué se conmemora el 21 de mayo?”, nos llevaremos sorpresas que harían cuestionar su vocación a cualquier historiador. Eso también pasa con la figura de muchos y muchas de nuestros personajes históricos nacionales.

O´Higgins y Carrera se disputan ser los “Padres de la Patria” (Porque al parecer Chile, como Nicolás, tiene dos papás…), Manuel Rodríguez es el tío rebelde e incómodo y Prat fue un marino que saltó desde la Esmeralda, vaya usted a saber por qué; y así… infinidad de microscópicas biografías simplistas, que distorsionan y hacen perder la perspectiva del verdadero aporte que cada quien tuvo en la historia de este pedazo de tierra al fin del mundo.

Lo mismo pasa con fray Camilo Henríquez González. Para la mayoría de los chilenos, el “padre del periodismo chileno”… y eso sería. Algo así como un cura que se le ocurrió hacer un diario y listo, pasó a la historia.

Personaje incómodo

Camilo Henríquez González, junto con Manuel Rodríguez Erdoíza, debe ser uno de los personajes del período de la independencia más incómodos para la elite dominante y, por lo mismo, ha sido acotada su trascendencia hasta el absurdo de lo simple.

En días que se cumplen 250 años de su natalicio (20 de julio de 1769), quisiera recordar el periplo de este valdiviano, que comienza cuando a los nueve años de edad se fugó a Santiago, la capital del Reino; y a los quince, es decir, en 1784, se le envió a Lima a proseguir los estudios al convento de los padres de la Buena Muerte (De ahí su apodo de “Fraile de la Buena Muerte”).

En aquel colegio limeño, Henríquez se incorporó al noviciado en Enero de 1787, profesando el 28 de Enero de 1790, poco antes de cumplir los 21 años de edad. Siguió residiendo en Lima, donde pronto se le abrió la sociedad más culta e ilustrada del Virreinato, en la cual trabaría amistad con hombres de letras y eruditos que formaban el núcleo de cultura más avanzado de esta parte meridional de América. Fue entonces donde comienza a interiorizarse con ideas más revolucionarias, llegadas desde Europa, principalmente desde Francia. Rousseau, Voltaire y Diderot, sus inspiradores.

El ideólogo de la liberación

Como suele ocurrir, no es en Chile donde más se ha estudiado el carácter revolucionario de Henríquez. El historiador y antropólogo ecuatoriano Jorge Núñez Sánchez, de gran prestigio internacional, experto en Archivo de Indias, luego de su investigación sobre un interesante independentista latinoamericano, publicó su libro: “El catecismo de los patriotas – Ideas políticas de Fray Camilo Henríquez” (2009).

Narra Núñez Sánchez que a los 33 años fue apresado por la Inquisición, acusado de leer “El Contrato Social” de Rousseau. Ayudado por sus amigos “rebeldes”, logra que la Orden lo envíe a Quito en 1807 para fundar una casa, y rápidamente se vinculó al movimiento insurgente.

Sin dudas que Henríquez era un revolucionario. Prosigue el ecuatoriano Núñez, “De sus lecturas, todas prohibidas por la Iglesia, aprendió la lección anticolonial, que enseñaba que ningún pueblo puede estar bajo la dominación y dependencia de otro. También la lección de la soberanía popular. Y ambas reflexiones le aportaron a su conciencia el ideario de los Derechos del Hombre”.

El cura masón y el nacimiento de Quirino Lemachez

Para el colmo de sus superiores eclesiásticos, Camilo Henríquez ingresa clandestinamente a la masonería en Quito, mientras escribía varios catecismos políticos incitando a la independencia de Hispanoamérica. Fue iniciado en la logia masónica “Ley Natural”, que había reemplazado a la logia “Escuela de la Concordia”. De ahí que su catequesis revolucionaria y cristiana fuera para todos una bienvenida revelación. “Porque sin pretenderlo, lo que el sagaz fraile había desarrollado era una verdadera “Teología de la Liberación”, para minar intelectualmente al colonialismo y coadyuvar a la libertad de los países hispanoamericanos”, afirma Núñez Sánchez.

En 1810 presenció en Quito la matanza de los patriotas, que habían formado la Primera Junta de Gobierno. Al saber que en Chile, su país natal, también soplaban vientos de libertad, decide viajar a Valparaíso en 1811. Rápidamente hace correr una proclama que suscribió con el anagrama de su nombre, Quirino Lemachez, y que hizo circular manuscrita desde el 6 de Enero de 1811: en ella el patriota alienta a sus connacionales a que designen como representantes en el Congreso a hombres capaces de llevar a cabo la obra de emancipación. También utilizó el púlpito de la Catedral de Santiago, para entregar el mensaje emancipador, no sin el espanto de los sectores más conservadores, ya que en sus discursos defendía a los indios, promovía la educación pública y combatía la pena de muerte y el fanatismo religioso.

“La Aurora de Chile”

Tal como cuenta Raúl Silva Castro en su libro de 1950 sobre el Fraile, “La junta de gobierno formada por Carrera, Cerda y Manso nombró a Henríquez, con fecha 16 de Enero de 1812, redactor de la Aurora con el sueldo de seiscientos pesos anuales, y en esta virtud fray Camilo publicaba el día 12 de Febrero del mismo año el prospecto del periódico, y al día siguiente el primer número. La Aurora era una hoja grande de papel, doblada en dos, de modo que tenía cuatro planas ocupadas por la lectura, donde la composición se distribuía en dos columnas.”

Esta es la historia más conocida de Camilo Henríquez… el “fundador de la Prensa chilena”. Estamos claros que si Camilo viera en lo que se convirtió la industria de la prensa en Chile, ardería en furia. Henríquez nunca vio en los diarios o “el periodismo” una forma de negocio o de instrumento de alienación de las masas. Al contrario, “La Aurora” o los diversos periódicos que fundó en Chile y Latinoamérica fueron un instrumento más para lograr la liberación de los ciudadanos y ciudadanas de este continente.

La “Buena Muerte” del hombre nuevo

Claramente, Camilo creía firmemente que la emancipación de los pueblos no se podía lograr sin la emancipación individual.

Según los autores que Henríquez leía y seguía; quien tiene el afán de liberarse de sus cadenas debe morir a la ignorancia; morir a los prejuicios, para volver a nacer en un hombre nuevo. Quizás, esa era la interpretación que este cura rebelde hacía de su apodo: “El Fraile de la Buena Muerte”.

Este valdiviano, fraile, revolucionario, masón, escritor, diputado, senador, cronista y patriota, murió en Santiago el 16 de marzo de 1825.


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