Plataforma Ideas Democracia, Tolerancia y Libertad

Sobre el abuso en Chile

Jorge Ríos del Río, abogado.

El 20 de agosto de 2019 en calle Pedro Aguirre Cerda, sector Las Ánimas de Valdivia, una joven estudiante universitaria (la primera de su familia) llamada Fernanda Gutiérrez Miranda tomó su bicicleta e inició el cotidiano trayecto de su casa a su lugar de estudios, pero inesperadamente ese fatídico día y a pocos metros de su casa, perdió la vida atropellada por un camión forestal que imprudentemente cruzó la calle con luz roja.

Exactamente una semana después en calle Picarte de nuestra ciudad y mientras salía de su lugar de trabajo como siempre lo hacía, perdió su vida la educadora valdiviana Mirta Rubilar Navarrete, también atropellada por un camión que circulaba a una velocidad no razonable y aparentemente no respetó el semáforo del lugar.

Reacción ciudadada

La comunidad valdiviana se conmovió profundamente por estas tragedias y se propusieron múltiples iniciativas sobre como profundizar la adecuada convivencia vial en nuestras ciudades y  evitar el abuso que significa quitar vidas por no circular respetando las reglas mínimas de tránsito, a altas velocidades, sin tiempo disponible, ni fiscalización o señaléticas adecuadas, fenómenos inicialmente producidos por la imprudencia humana y por faenas que imponen horarios extenuantes para lograr metas extremas en sus procesos de producción; creándose así un ciclo sin fin de abusos, uno tras otro, que constantemente nos pasa la cuenta en vidas humanas.

El Chile del más fuerte

Desde esos aciagos días es que quise escribir esta columna. Pensaba en todas las actitudes abusivas que a simple vista son apreciables en el cotidiano de Chile, pensaba en aquellos que estacionan sobre veredas o en lugares reservados a personas en situación de discapacidad limitando su movilidad, pensaba en la prepotencia de algunos conductores con ciclistas o peatones, todos ejemplos que me hicieron pensar en que el circular por las calles parece una manifestación de la ley del mas fuerte, donde tienes que crearte una falsa sensación de poder al volante para que la agresividad te permita sobrevivir a estos trances cotidianos. Finalmente no pude hacer la columna, la consideré tardía, poco pertinente, así que la olvidé, pero sucedió la explosión social del 18 de octubre de 2019 y el concepto se hizo absolutamente patente.

Durante más de un mes hemos podido ver como los abusos se suceden día tras día, en una agotadora y angustiante secuencia, siendo causa, medio y fin de un conflicto que parece ya no obedecer a las lógicas de antaño y que evidencia una profunda crisis de nuestra forma de entender y organizar la sociedad en que vivimos.

El Ciclo del Abuso

Ya sea reivindicando el abuso como también imponiéndolo o naturalizándolo, durante este periodo hemos podido apreciar muy bien como funciona este ciclo de abusos, teniendo la ciudadanía que sufrir por un lado horribles restricciones a la libertad y vejaciones a los Derechos Humanos por parte del Estado y sus órganos de represión y por el otro, violentos daños a la propiedad privada por la acción de delincuentes que aprovechándose del caos y las consignas de lucha delinquen, dañando así a trabajadores y trabajadoras que no tienen culpa alguna, agudizando la crisis y perjudicando a un movimiento social que tiene todo el derecho a manifestarse pacíficamente.

Causas para justificar el actuar de ambos lados de los abusos son fácilmente apreciables en la opinión pública y rápidamente podremos abanderarnos con una u otra dependiendo de nuestra forma de ser, pero mi inquietud en esta oportunidad no es justificar algún abanderamiento, sino cómo podemos ponerle fin a este ciclo de abusos, cómo podremos entendernos y lograr que las posiciones lleguen a un curso que permita culminar en una síntesis para todos; para ello me permito pensar que el detener el abuso es un asunto de virtud moral en su más antiguo concepto y que dicha virtud descansa sobre los hombros de todas aquellas personas razonables y fervientes creyentes en la democracia y el diálogo, no en fanáticos o melancólicos que sueñan con ver culminadas sus visiones autoritarias en un Chile que no merece retroceder, sino cambiar su rumbo para enfrentar al futuro.

Una Paz democrática y ciudadana

Desde esta humilde tribuna hago un llamado a toda persona razonable y demócrata a trabajar honestamente por lograr la paz, pero no esa paz impuesta como condición para negociar y luego traicionar, sino una paz ciudadana y democrática, que emana de las bases profundas de nuestra sociedad y que nace de todos los quehaceres del país, porque tenemos que dialogar y tenemos que llegar a acuerdos; nuestra sociedad se sacude porque necesita un cambio y ese cambio requerirá de la voluntad de grandes mayorías y no sólo de la visión autoritaria de unos pocos.

Para finalizar, solo quiero decir que hoy nuestro país es grande y alberga a muchas identidades y visiones diferentes, debiendo ser un espacio que nos acoja a todas y todos sin distinción, no dejemos que el ciclo del abuso prospere y trabajemos mancomunadamente en la protección de nuestra democracia, en eliminar cualquier atisbo o duda de impunidad y también decididamente en este cambio social que nos llevará a un futuro mejor para todas y todos, cuyo siguiente paso será la Nueva Constitución.


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Sobre el autor

Herman Manriquez: